La Biblia no se lee, se estudia · Guía gratis
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Guías

Para no dejar el texto a medias

Estas páginas no caducan porque el oficio no cambia: oír el capítulo, preguntar lo que el texto carga, obedecer lo que el indicativo manda. Quien llega aprende. El capítulo sigue siendo el señor de la casa, y la guía que se siente en el trono ya dejó de guiar.

  • Los números Strong

    Un número Strong es una etiqueta de diccionario: señala una raíz hebrea o griega. No es revelación. No predica. Sirve cuando el pasaje ya se oyó entero, para no quedarse con una palabra castellana que el original no carga, o para no inventar una que el original no pidió. El que abre el léxico antes de abrir el capítulo deja que el diccionario hable por Dios.

    Esd. 7:10 · 2 Ti. 2:15

  • Cómo se lee

    La Escritura tiene la última palabra. El versículo no viaja solo: tiene autor, destinatario, lo que viene antes y lo que sigue. Las lenguas originales sirven al pasaje. Un salmo no se lee como una ley, ni Romanos como un proverbio. Quien recorta un renglón para que quede bien en una imagen todavía no ha leído.

    Neh. 8:8 · 2 P. 3:15–16

  • Del pasaje a la palabra dicha

    Un texto, un solo punto. Del capítulo oído se llega a una obediencia o a una confesión, no a una lista de consejos genéricos. Si vas a hablar delante de otros, el pasaje manda el tema. Lo que el texto no carga, no se añade para redondear el discurso.

    2 Ti. 4:2 · Stg. 1:22

  • La pregunta difícil

    Alguien objeta. Este pasaje responde, no uno más cómodo. La objeción honesta se nombra y se deja que la misma Escritura la juzgue. Huir al versículo preferido es otra forma de no oír.

    He. 4:12–13 · Hch. 17:11

Las seis preguntas, con el pasaje delante