Hay un solo Dios. Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Ese uno, no obstante, no es un solitario mudo. El Padre habla; el Hijo es el Verbo que era con Dios y era Dios, y fue hecho carne; el Espíritu Santo es Señor y da vida. Un Nombre, tres personas. No tres dioses. No tres máscaras de un actor que cambia de oficio según la escena.
El Padre
Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. El Padre no es una fuerza, ni un estado de ánimo, ni el techo moral de una cultura. Crea los cielos y la tierra por su Palabra. Elige, habla, guarda pacto y no da su gloria a otro. A Moisés, en la zarza, no se presentó con un título de oficina: YO SOY EL QUE SOY. En hebreo el Nombre se escribe YHWH; la Reina-Valera dice Jehová. El Eterno no cambia porque cambie la vocalización de los masoretas ni el gusto de un siglo. Es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el que saca de Egipto y el que, en el cumplimiento de los tiempos, envía al Hijo. Ahora bien, ese envío no es un gesto tardío, sino el consejo que ya latía cuando dijo «sea la luz».
A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. Nadie puede venir a Cristo si el Padre no le trajere. El Padre resucitó a Jesús de los muertos, y nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. El que niega al Hijo no tiene al Padre, aunque conserve un vocabulario piadoso y una liturgia impecable. Esta escuela no ofrece, por tanto, un dios doméstico al que se consulta para sentirse acompañado. Confiesa al que se dio a conocer, y pide que el oído se abra hasta que esa confesión cueste.
Dt. 6:4Deuteronomio 6:4: Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. · Éx. 3:14Éxodo 3:14: YO SOY EL QUE SOY. · Gn. 1:1Génesis 1:1 · Is. 42:8Isaías 42:8 · Jn. 1:18Juan 1:18: A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. · Jn. 6:44Juan 6:44 · Hch. 2:24Hechos 2:24: Al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte. · Ef. 1:3Efesios 1:3: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. · 1 Jn. 2:231 Juan 2:23
El Hijo
En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros. Verdadero Dios y verdadero hombre: no un profeta más, no un ejemplo elevado, no un símbolo de la bondad humana. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos. Por consiguiente, quien recorta al Hijo para no ofender ya eligió otro señor, aunque conserve el calendario de la Iglesia.
En el bautismo el Padre declara: este es mi Hijo amado. El Hijo entra al agua. El Espíritu desciende. En la cruz carga lo que no es suyo. Al tercer día resucita. Volverá. Y en la región de Decápolis tomó aparte a un sordo tartamudo, levantó los ojos al cielo, gimió y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. Y al momento fueron abiertos sus oídos. El mismo que abre oídos es el León de Judá y el Cordero inmolado: majestad sin cruz sería condenación; cruz sin majestad, tragedia. Quien no honra al Hijo no honra al Padre que le envió. Esta casa no predica, por tanto, un Jesús útil. Predica al Verbo que te hizo y al que tus rechazos no deshacen.
Jn. 1:1, 14Juan 1:1, 14: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. · Jn. 14:6Juan 14:6: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. · 1 Ti. 2:5–61 Timoteo 2:5–6: Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre. · Mt. 3:16–17Mateo 3:16–17 · Mr. 7:34Marcos 7:34: Y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. · Ap. 5:5–6Apocalipsis 5:5–6: El León de la tribu de Judá… ha vencido. · Jn. 5:23Juan 5:23
El Espíritu Santo
El Espíritu Santo no es un clima interior, ni una energía que se administra, ni el entusiasmo de una reunión. Es Dios. Cuando Ananías mintió al Espíritu Santo, Pedro dijo: no has mentido a los hombres, sino a Dios. El Señor es el Espíritu. El que no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. Conviene, pues, hablar de él con el temor con que se habla del Padre y del Hijo: un Nombre, no una herramienta. Quien lo reduce a «ambiente» ya ha cometido una diminución teológica, aunque la llame alabanza.
Él inspiró la Escritura. Nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. Toda la Escritura es inspirada por Dios. El Espíritu no dicta un oráculo privado que desplace al texto: toma de lo que es de Cristo y lo hace saber. Él os guiará a toda la verdad. La verdad a la que guía es la que ya fue dicha; no una novedad que el pasaje no carga. Por tanto, el que invoca al Espíritu para no someterse al capítulo ha invertido el oficio del Paráclito.
Jesús dijo del Espíritu que convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. El viento sopla de donde quiere: el nuevo nacimiento no se programa. Nos salvó por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo. El dato histórico quita la coartada; el Espíritu regenera. Nadie se da a sí mismo ese nacimiento, ni lo compra con un curso, ni lo fabrica con un vocabulario de conversión.
En Pentecostés se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, y fueron todos llenos del Espíritu Santo. El mismo que dijo Efata en la Decápolis envía al Espíritu que abre oídos y lenguas. Él sella al que cree, hasta el día de la redención. El Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros. Por tanto, no apaguéis al Espíritu. No contristéis al Espíritu Santo de Dios. La blasfemia contra el Espíritu no se despacha como una frase dura: el Señor la dijo, y permanece. Esta escuela pide, en consecuencia, no un clima, sino el temor de quien sabe que el huésped es Dios.
Hch. 5:3–4Hechos 5:3–4: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo? · 2 Co. 3:172 Corintios 3:17 · Ro. 8:9Romanos 8:9: Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él. · 2 P. 1:212 Pedro 1:21: Nunca la profecía fue traída por voluntad humana. · 2 Ti. 3:162 Timoteo 3:16: Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar. · Jn. 16:13–14Juan 16:13–14: Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad. · Jn. 16:8Juan 16:8: Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. · Jn. 3:5–8Juan 3:5–8: El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. · Tit. 3:5Tito 3:5: Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo. · Hch. 2:3–4Hechos 2:3–4: Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. · Mr. 7:34Marcos 7:34: Y levantando los ojos al cielo, gimió, y le dijo: Efata, es decir: Sé abierto. · Ef. 1:13Efesios 1:13: Fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa. · Ef. 4:30Efesios 4:30: Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. · Ro. 8:26Romanos 8:26: Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad. · 1 Co. 6:191 Corintios 6:19 · 1 Ts. 5:191 Tesalonicenses 5:19: No apaguéis al Espíritu. · Mt. 12:31–32Mateo 12:31–32