Tratados
Un tratado toma un asunto que la Escritura entera enseña y lo sigue de libro en libro, con argumento ordenado, el hebreo y el griego cuando sostienen el argumento, y los intérpretes como siervos del texto. Lo que lo hace tratado es el enfoque, no la extensión: puede ser breve. Es para líderes, maestros y estudiosos.
2 Ti. 2:22 Timoteo 2:2 · He. 5:14Hebreos 5:14
Estudios y tratados: cuál leer y por qué
Todos los tratados
Tratado · 1 Corintios 1:18–31
Teología de la cruz
TratadoPara líderes, maestros y estudiosos que quieren el tema por toda la Escritura.
Pablo no ofrece una «teología de la cruz» como lema de escuela. Ofrece un tajo. La palabra de la cruz parte a la humanidad: locura para los que se pierden, poder para los que se salvan. El que se lleva el 18 como consign
Escudriñar el tratado: Teología de la cruzTratado · 1 Corintios 4:8–13
Teología de la gloria
TratadoPara líderes, maestros y estudiosos que quieren el tema por toda la Escritura.
Pablo no escribe un tratado contra el espectáculo: lo desnuda. Corinto ya se saciaba, ya era rica, ya reinaba —sin los apóstoles—. El que se lleva «teología de la gloria» como lema de combate aún no ha visto el 9: Dios e
Escudriñar el tratado: Teología de la gloriaTratado · Nehemías 8:8
El texto manda
TratadoPara líderes, maestros y estudiosos que quieren el tema por toda la Escritura.
V.E.R.D.A.D. —Ver, Entorno, Revelación, Doctrina, Argumento y Decisión— no es una fórmula para recitar ni una técnica más. Es la manera en que leemos el capítulo completo, como el pueblo en tiempos de Nehemías, hasta entender lo que Dios dijo y obedecerlo.
Escudriñar el tratado: El texto mandaTratado · Hechos 1:9–11
Este mismo Jesús
TratadoPara líderes, maestros y estudiosos que quieren el tema por toda la Escritura.
«Así vendrá como le habéis visto ir al cielo» no es un gráfico de profecías ni una fecha para calcular, sino la promesa de Cristo mismo. Desde el monte de los Olivos hasta el «ven, Señor Jesús», este tratado sigue la promesa por toda la Escritura: venida personal y visible, resurrección, juicio y nueva creación, sin tomar partido sobre el milenio.
Escudriñar el tratado: Este mismo JesúsTratado · Juan 14–16
El Paráclito Eterno
TratadoPara líderes, maestros y estudiosos que quieren el tema por toda la Escritura.
El Espíritu Santo no es una energía que se activa, sino una Persona divina que el Padre envía en el nombre del Hijo para estar con los suyos para siempre. El Paráclito de Juan 14–16: otro Consolador, para siempre.
Escudriñar el tratado: El Paráclito Eterno
¿Buscaba los versículos muy citados?
Los escritos que devuelven un versículo muy citado al capítulo donde Dios lo puso son estudios breves: se dejan gobernar por un pasaje. Están ahora en la sección de estudios, con sus mismas direcciones.
Estudio breve · Iglesia · no fórmula · Mateo 18:18–20
Publicado el 23 de septiembre de 2026. Revisado el 3 de octubre de 2026.
Atar y desatar
EstudioPara todo creyente, grupos pequeños y el devocional diario.
Método V.E.R.D.A.D.«No solo se lee: se profundiza.»
Abrir la Escritura en el lector compañero
MATEO 18:15–35: EL HERMANO QUE PECA, LA IGLESIA QUE JUZGA Y EL CIELO QUE NO SE ALQUILA
Estudio de la Serie Cielo Efata, Editorial Cielo Efata. Las citas castellanas siguen la Reina-ValeraTraducción castellana de la Escritura. Esta casa lee en ella. 1960, en cursiva y con referencia; el griego del Nuevo Testamento se lee según el Textus Receptus. El método es V.E.R.D.A.D.Ver, Entorno, Revelación, Doctrina, Argumento, Decisión. El método de esta casa.: Ver, Entorno, Revelación, Doctrina, Argumento, Decisión. El título recoge la forma habitual de la expresión; la Reina-ValeraTraducción castellana de la Escritura. Esta casa lee en ella. 1960 dice atéis y desatéis, y el griego δήσητεδήσητε (dḗsēte) — ligareis y λύσητελύσητε (lýsēte) — desatareis, verbos que el párrafo pone al servicio de la disciplina de la iglesia, no de un conjuro.
© 2026 Alejandro Sirit. Todos los derechos reservados. Texto bíblico tomado de la versión Reina-ValeraTraducción castellana de la Escritura. Esta casa lee en ella. © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso. Reina-ValeraTraducción castellana de la Escritura. Esta casa lee en ella. 1960® es una marca registrada de Sociedades Bíblicas Unidas, y se puede usar solamente bajo licencia.
PÓRTICO
No hay, en Mateo 18:18, un mantra esperando estacionamiento, sino un hermano que peca y una iglesia que debe oír. Antes de que el oído contemporáneo convierta atar y desatar en una técnica de guerra espiritual, y mucho antes de que dos o tres reunidos se vuelvan un talismán para que el Padre haga cualquier cosa, el párrafo pone un procedimiento, un pecador, unos testigos y una asamblea que juzga. El cuerpo que está en juego no es el del demonio que se ata en el asfalto, sino el del hermano cuyo pecado ha llegado, por pasos, hasta la iglesia. El lugar no es un estacionamiento ni un retiro de autoridades, sino la ἐκκλησίαἐκκλησία (ekklēsía) — asamblea convocada (ekklēsía, asamblea convocada) del versículo diecisiete, el tribunal al que se lleva lo que no se ganó en privado. Hay que oír el párrafo entero:
Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano. De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo. Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. (Mateo 18:15–20)
El dieciocho no vive solo. Vive del quince, ἐὰν δὲ ἁμαρτήσῃ εἰς σὲ ὁ ἀδελφός σουἐὰν δὲ ἁμαρτήσῃ εἰς σὲ ὁ ἀδελφός σου (eàn dè hamartḗsē eis sè ho adelphós sou) — si tu hermano pecare contra ti (eàn dè hamartḗsē eis sè ho adelphós sou, si tu hermano pecare contra ti); del dieciséis, los dos o tres testigos, no para decretar, sino para que conste toda palabra, según la ley de Moisés; y del diecisiete, dilo a la iglesia. Solo entonces δήσητεδήσητε (dḗsēte) — ligareis (dḗsēte, atéis) y λύσητελύσητε (lýsēte) — desatareis (lýsēte, desatéis) entran como el veredicto de esa asamblea. El De cierto os digo amarra lo que la iglesia liga a lo que el cielo ya tiene ligado. El hurto empieza cuando se arranca el dieciocho del quince al diecisiete.
EL CONTRAHECHO
Hay una incredulidad pagana, la del que nunca oyó que la iglesia juzga, y hay otra, más grave porque se sienta en la casa, la del que recita lo que atéis sobre los poderes del aire y deja al hermano pecador sin reprensión. El lema dice: ata al demonio de la deuda, de la enfermedad, de la ciudad; dos o tres de acuerdo bastan para que el Padre haga cualquier cosa. El versículo dice: si tu hermano peca, ve; si no oye, lleva testigos; si no oye, dilo a la iglesia; lo que esa iglesia ligue, ligado está. La diferencia no es de matiz, sino de oficio: el lema deja al practicante en el centro, armado de una técnica; el versículo deja a Cristo en el centro y al hermano en la mira del amor.
El contrahecho tiene varios rostros y un solo ídolo. Hay un circuito de guerra espiritual que ha convertido δέω y λύω en vocabulario de exorcismo callejero, y conferencias donde se ata al príncipe de la ciudad mientras no se disciplina al diácono que roba. Hay una piedad de dos o tres congregados que usa el versículo veinte para justificar el cisma: no necesito iglesia, tengo un grupo en el café, y Cristo está en medio. Hay, más fino, el uso del dieciocho como palanca ministerial, el del pastor que liga lo que le conviene y llama a eso el cielo. Mateo 16:19 había dado a Pedro las llaves con este mismo lenguaje: Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos (Mateo 16:19), y Mateo 18:18 extiende el lenguaje a la iglesia que disciplina. Ni allí ni aquí el atar es un conjuro sobre demonios. En el judaísmo del siglo primero, atar y desatar eran expresiones de los maestros para prohibir y permitir, para declarar a alguien obligado o libre, y en este párrafo el objeto es el pecado del hermano: retenerlo o absolverlo.
Negar que hay poderes de tinieblas sería otra sordera. La Escritura dice que no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes (Efesios 6:12), y el libro de los Hechos muestra a Pablo mandando salir a un espíritu en el nombre de Jesucristo. El hurto no consiste en creer que hay demonios, sino en hacer de Mateo 18:18–20 el manual de ese combate saltándose al hermano, a los testigos y a la iglesia. Y en el flanco opuesto está la iglesia que, por miedo al legalismo o a la incomodidad, no liga nunca nada, y llama gracia a la holgura. El que convierta el texto en mantra ha leído su propia técnica; el que convierta la disciplina en legalismo para no ejercerla ha leído su propia comodidad.
PARA QUÉ SE ABRE
El oído se abre para oír qué iglesia es esta y qué cielo la respalda, y la lengua se desata para confesar, reprender y restaurar, no para maniatar sombras en el asfalto. El Espíritu no mejora el yo; lo redarguye. El pecado que este párrafo desnuda no es la ignorancia de un vocabulario de autoridad, sino el hermano dejado sin reprensión mientras se ata al aire. Es el rumor que nunca pasó por el versículo quince, el cisma que cita el veinte para no oír el diecisiete, y la dureza que liga y no desata, la del siervo perdonado que no perdona.
El arrepentimiento, aquí, no es un taller de soltar ataduras como si el problema fuera un nudo etéreo; es ir al hermano. El que ha atado demonios y no ha reprendido al prójimo se arrepiente de haber mentido con Mateo; el que ha citado donde están dos o tres para justificar su grupo contra la iglesia se arrepiente de haber hurtado la presencia de Cristo. La fe no es la fuerza del decreto ni la cuantía de los que acuerdan, sino recibir al que dijo Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra (Mateo 28:18), que no necesita que le prestemos la nuestra. El bautismo entra aquí porque el Señor lo mandó y porque incorpora a un cuerpo, la iglesia del versículo diecisiete, no el círculo de dos que se basta a sí mismo. La conversión es el vuelco de los ídolos de esta herida, el mantra, el grupo que sustituye a la iglesia, el pastor que liga a conveniencia y la dureza que no desata, hacia el Señor que está en medio de los suyos. Y la perseverancia es oír mañana Mateo 18:15–20 entero, y a continuación la parábola de los versículos veintiuno al treinta y cinco, porque el Señor no dejó el atar sin el perdón de setenta veces siete.
SI AÚN NO CREES
No sigas como turista de un manual de autoridad. Mateo 18 no te ofrece un poder que estrenar, sino que te pone delante de un hermano, de una iglesia y de un cielo que no se alquila. Los datos del párrafo no salvan a nadie; salva el Señor. El mandato es el de Galilea: arrepentíos, y creed en el evangelio (Marcos 1:15). Arrepiéntete, cree, pide el agua del bautismo, confiesa el Nombre y busca una iglesia que reprenda, restaure y no convierta el dieciocho en conjuro. Si el Espíritu te ha convencido, este es el lugar donde te detienes de rodillas.
EL DIECIOCHO NO VIVE SOLO
Hay que oír el capítulo, no el recorte. Mateo 18 abre con una pregunta de rango: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? (Mateo 18:1) El Señor responde poniendo a un niño en medio y diciendo: cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos (Mateo 18:4). Luego advierte contra los tropiezos que se ponen a los pequeños, y cuenta la parábola de la oveja perdida, que termina así: no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños (Mateo 18:14). El por tanto del versículo quince no es un salto temático. El procedimiento de disciplina es la aplicación de la oveja perdida: se va a buscar al hermano que peca, porque el Padre no quiere que se pierda. Y el capítulo termina con la pregunta de Pedro sobre cuántas veces perdonar y con la parábola del siervo inmisericorde. Entre el niño y la oveja, al comienzo, y el perdón de setenta veces siete, al final, está el atar y desatar. Quien arranca el versículo dieciocho de ese marco lo convierte en rango, y el rango era precisamente la pregunta que el Señor desarmó al principio.
El primer paso es privado: ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano (Mateo 18:15). El verbo (élenxon, Strong 1651, redargúyele) es el de sacar a la luz y convencer, el mismo que el Señor usa para la obra del Espíritu, y el fin es ἐκέρδησαςἐκέρδησας (ekérdēsas) — has ganado (ekérdēsas, has ganado). No se publica el pecado, no se le ata al aire, no se salta a la iglesia; se va. El que ofende también tiene su mandato en el Sermón del Monte: deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano (Mateo 5:24). Los dos caminos se encuentran a mitad de la calle.
Conviene notar cuánto cuesta este primer paso, y por qué el lema lo evita. Atar a un demonio en voz alta no expone a nadie; ir a casa del hermano, sentarse frente a él y nombrarle su pecado expone a los dos. El que va corre el riesgo de ser rechazado, de descubrir que él también tenía culpa, de perder una amistad o de tener que pedir perdón él mismo. Por eso el texto dice entre ti y él solo: la reprensión privada protege la honra del hermano y humilla el orgullo del que reprende, que no puede convertir la corrección en espectáculo ni buscar aliados antes de hablar. La murmuración es la inversión exacta de este versículo, porque dice a todos lo que debía decir a uno solo. Y el fin no es tener razón, sino ganar al hermano. El verbo ganar es de comerciante, pero aquí la ganancia es una persona devuelta a la comunión, la oveja que regresa al redil. Si el hermano oye, el asunto termina ahí, sin testigos, sin iglesia y sin registro; la mayor parte de la disciplina bíblica ocurre en este primer escalón, en conversaciones que nadie más conoce.
El segundo paso trae testigos: para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra (Mateo 18:16), citando la ley: Sólo por el testimonio de dos o tres testigos se mantendrá la acusación (Deuteronomio 19:15). Los dos o tres no son un quórum para decretar milagros, sino garantía de justicia, para que el hermano no sea juzgado por la palabra de uno solo y para que la verdad conste. El tercer paso es la asamblea: dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano (Mateo 18:17). Tratar al obstinado como gentil y publicano no es odiarlo, porque el Señor comía con publicanos; es dejar de tratarlo como hermano en comunión y volver a tratarlo como alguien a quien hay que llamar al arrepentimiento.
Solo entonces viene el dieciocho. El Textus Receptus dice ὅσα ἐὰν δήσητεδήσητε (dḗsēte) — ligareis ἐπὶ γῆς, ἔσται δεδεμένα οὐρανῷ (hósa eàn dḗsēte epì tês gês, éstai dedeména en tō ouranō), todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo. La forma verbal ἔσται δεδεμένα, un futuro con participio perfecto, admite la traducción habrá sido ligado, y en cualquier caso la frase no pone al cielo a las órdenes de la tierra, sino que declara que el veredicto recto de la iglesia coincide con el del cielo. La iglesia no fabrica el perdón ni la retención; declara lo que Cristo ha dicho. El Señor lo dirá a los apóstoles después de la resurrección con otras palabras: A quienes remitiereis los pecados, les son remitidos; y a quienes se los retuviereis, les son retenidos (Juan 20:23). El objeto es el pecado del hermano; el sujeto es la iglesia reunida; la garantía es la palabra de Cristo.
El diecinueve sigue en el mismo terreno: si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre (Mateo 18:19). El verbo (symphōnḗsōsin, Strong 4856, se convinieren) es concertar la voz, y la palabra traducida cosa, πρᾶγμα (prâgma), es la que en el lenguaje jurídico designaba un asunto, un caso, como el pleito de 1 Corintios 6:1. En contexto, el acuerdo de dos es el de los que tratan juntos el caso del hermano y lo presentan al Padre. No es un cheque en blanco que obliga a Dios con el número de los firmantes; es la promesa de que la oración concertada de la iglesia que obedece este procedimiento será oída. El Padrenuestro sigue gobernando: Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra (Mateo 6:10). El orden es ese, del cielo a la tierra, nunca al revés.
El veinte es consuelo, no coartada: Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mateo 18:20). La disciplina es una tarea dura y solitaria; la pequeña iglesia que la ejerce puede sentirse débil frente al hermano rebelde o frente a la opinión del barrio. El Señor promete su presencia a los que, en su nombre, es decir, bajo su autoridad y según su mandato, se reúnen para esto. El número pequeño no es un requisito mágico, sino una concesión de misericordia: aunque sean pocos, él está. Usar este versículo para canonizar al grupo que desprecia la asamblea es leerlo contra el diecisiete, que nombra a la iglesia como instancia posterior a los dos o tres. La carta a los Hebreos lo dice claramente: no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos (Hebreos 10:25).
La práctica apostólica confirma esta lectura. En Corinto un hombre vivía con la mujer de su padre, y la iglesia se jactaba en lugar de llorar. Pablo manda reunirse En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo (1 Corintios 5:4), para entregar al tal a la disciplina, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús (1 Corintios 5:5). Ahí está el atar: la asamblea reunida en el Nombre, con la autoridad del Señor, juzgando a uno que está dentro. Y en la segunda carta aparece el desatar, cuando el disciplinado se ha arrepentido: Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos; así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él. (2 Corintios 2:6–8) Una iglesia que solo liga se vuelve verdugo; una que solo desata se vuelve cómplice. La de Mateo 18 hace las dos cosas, a su tiempo y con el mismo fin: ganar al hermano.
Finalmente, la parábola del siervo inmisericorde cierra el capítulo y prohíbe que el atar se vuelva venganza. Pedro pregunta si basta perdonar siete veces, y el Señor responde: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete (Mateo 18:22). El siervo al que se le perdonaron diez mil talentos ahoga a su consiervo por cien denarios, y el señor lo llama malvado. La conclusión no deja escapatoria: Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas. (Mateo 18:35) El que liga al hermano sin haber sido él mismo desatado por la gracia, o sin estar dispuesto a desatarlo cuando se arrepiente, es el siervo de la parábola.
LABORATORIO V.E.R.D.A.D.Ver, Entorno, Revelación, Doctrina, Argumento, Decisión. El método de esta casa.
El método de la casa no se inventó para fabricar exorcistas de estacionamiento, sino para que el dieciocho vuelva a su capítulo y el capítulo tome al lector por el cuello. Nada se salta: ni el niño, ni la oveja, ni el hermano, ni los testigos, ni la iglesia, ni el siervo inmisericorde.
V — VER
Se lee Mateo 18 entero, tres veces y en voz alta, sin subrayar primero atéis. En la tercera lectura se marcan los pasos del procedimiento, la palabra hermano, la palabra iglesia y el De cierto os digo que ata el dieciocho al diecisiete. Se ve que el capítulo empieza con la pregunta por el mayor y termina con el perdón. Se ve también lo que no está: no hay demonios en este párrafo, no hay príncipes territoriales, no hay un número mágico, no hay un cielo que obedezca a la tierra.
E — ENTORNO
El género es discurso de Jesús a sus discípulos, el cuarto de los grandes discursos de Mateo, dedicado a la vida de la comunidad. Los oyentes discutían sobre rangos; los lectores de Mateo eran iglesias que tenían que aprender a tratar el pecado dentro de casa. Antes del párrafo están el niño, los tropiezos y la oveja; después, la pregunta de Pedro y la parábola. El lugar vital no es una campaña de guerra espiritual, sino una congregación con un hermano que ha pecado.
R — REVELACIÓN
Cada palabra sirve al párrafo. Ἐλέγχω es redargüir para convencer y ganar. Κερδαίνω es ganar al hermano. Ἐκκλησία es la asamblea a la que se puede decir algo, no una abstracción invisible. Δέω y λύω son ligar y desatar, retener y absolver. Ἔσται δεδεμένα declara la coincidencia con el veredicto del cielo. Συμφωνέω es concertar la voz; πρᾶγμα, el asunto o el caso. Εἰς τὸ ἐμὸν ὄνομα es en mi nombre, bajo mi autoridad. Si la glosa dice ata al demonio de tu linaje, gana el párrafo, no la glosa.
D — DOCTRINA
La Escritura interpreta la Escritura. Deuteronomio exige testigos; Mateo 16 da las llaves; Juan 20 confiere el remitir y el retener; 1 Corintios 5 practica la disciplina; 2 Corintios 2 practica la restauración. Y Gálatas pone el espíritu con que todo se hace: Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado (Gálatas 6:1). La doctrina resultante es que Dios respalda el juicio de la iglesia cuando ese juicio se alinea con su Palabra, y que el pecado se trata por pasos y con el fin de ganar al hermano. Además, Cristo está en medio de los que se congregan en su nombre, y el que no perdona de corazón no ha entendido el perdón que recibió.
A — ARGUMENTO
Primera objeción: atar y desatar es guerra espiritual. En este párrafo, no; el objeto es el hermano que peca y el escenario es la iglesia, y llevar a Efesios 6 lo que Mateo 18 no da es cambiar de libro para no obedecer este. Segunda objeción: donde hay dos o tres hay iglesia, y basta. El diecisiete nombra la iglesia como instancia posterior a los dos o tres testigos, y el veinte no cancela el diecisiete, sino que lo consuela. Tercera objeción: el cielo tiene que hacer lo que atemos. El orden es el inverso: la iglesia declara lo que el cielo ha dicho. Cuarta objeción: la disciplina es legalismo. El legalismo añade méritos a la justificación; Mateo 18 busca ganar al hermano, y Pablo pregunta a una iglesia que no juzgaba: ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? (1 Corintios 5:12)
D — DECISIÓN
El indicativo gobierna: Cristo está en medio de los suyos, y el cielo respalda el juicio recto de su iglesia. El imperativo no es atar el aire, sino ir al hermano, decir la verdad con mansedumbre, someterse a la iglesia y perdonar de corazón. La decisión de esta semana queda escrita al final.
PREGUNTAS QUE HACEN RESONAR LO OÍDO
La primera pregunta es con qué empieza el capítulo y por qué importa, y la respuesta es con la pregunta por el mayor, que el Señor desarma con un niño, de modo que el atar no puede volverse rango. La segunda pregunta qué se hace primero si un hermano peca, y la respuesta es ir y redargüirle a solas para ganarlo, sin publicarlo ni saltar a la iglesia. La tercera pregunta para qué son los dos o tres, y el texto responde que son testigos para que conste toda palabra, según la ley, no un quórum de decretos. La cuarta pregunta qué es ligar en esta oración, y hay que responder que es el juicio de la iglesia que retiene el pecado del que no oye y lo trata como gentil y publicano. La quinta pregunta qué es desatar, y la respuesta es absolver y restaurar al que se arrepiente, como hizo Corinto. La sexta pregunta si la tierra manda al cielo, y la respuesta es que no: lo que la iglesia liga rectamente es lo que el cielo ya tiene ligado. La séptima pregunta qué añade la parábola del final, y la respuesta es que el que no desata, el que no perdona de corazón, es el siervo malvado.
CIERRE
El estudio se cierra donde el hurto solía empezar. No se cierra en un estacionamiento, ni en un grito sobre príncipes territoriales, ni en un grupo que se basta a sí mismo con un versículo, sino en un hermano, en una iglesia y en un cielo que no se alquila. Quien haya recorrido estas páginas buscando una técnica de autoridad, o un permiso para no someterse a ninguna asamblea, ha leído otro escrito. Este termina donde termina el párrafo: si tu hermano peca, ve; si no oye, lleva testigos; si no oye, dilo a la iglesia; lo que atéis será ligado, lo que desatéis, desatado; y donde dos o tres están en su nombre, él está.
¿Qué convence el Espíritu Santo cuando este texto no se manosea? Convence de pecado, el hermano despachado, el rumor, el mantra que ahorró la reprensión, el cisma y la dureza. Convence de arrepentimiento, que deja el estacionamiento por la casa del hermano y el grupo por la iglesia. Convence de fe, que se alinea con el cielo y no lo chantajea. Convence de perseverancia, que gana, testifica, dice a la iglesia, restaura y perdona setenta veces siete. Al pastor le toca enseñar el quince antes que el dieciocho, ejercer la disciplina sin teatro y la restauración sin tardanza, y no usar el veinte para consolar al que se ha ido de la asamblea. A Cristo, que está en medio, sea la gloria en la iglesia por los siglos.
DECISIÓN PARA ESTA SEMANA
Confieso delante de Dios que he usado Mateo 18:18 como conjuro, que he hablado del pecado de un hermano a otros en lugar de ir a él, que he citado el versículo veinte para no necesitar iglesia, o que he retenido un perdón por dureza. Esta semana leo Mateo 18 entero cada mañana. Antes de que termine la semana voy, con mansedumbre y a solas, al hermano con quien tengo una cuenta pendiente, sea para redargüirle o para pedirle perdón. Si soy yo quien guarda rencor, lo perdono de corazón y se lo digo; y dejo de usar el lenguaje de atar sobre el aire. El domingo cuento a un anciano o a un hermano maduro de mi iglesia, que pueda pedirme cuentas, a quién fui y qué pasó. Si aún no he creído ni he sido bautizado, esta semana me arrepiento, confieso a Cristo y pido el agua.
Alejandro Sirit · Editorial Cielo Efata · 2026
Fuentes, versiones y aviso de derechos
Editorial Cielo Efata · Alejandro Sirit · 2026
Texto bíblico
El texto bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.
Reina-Valera 1960® es una marca registrada de Sociedades Bíblicas Unidas, y se puede usar solamente bajo licencia.
Lenguas originales
- Hebreo: texto masorético del Códice de Leningrado, según la Biblia Hebraica Stuttgartensia © 1977/1997 Deutsche Bibelgesellschaft, Stuttgart. Se cita el versículo; no se reproduce la edición.
- Griego del Nuevo Testamento: Textus Receptus (Stephanus, 1550; Scrivener, 1894), de dominio público.
- Griego del Antiguo Testamento: Septuaginta, citada solo donde el Nuevo Testamento o el argumento la siguen. No se reproduce la edición de Rahlfs-Hanhart © 2006 Deutsche Bibelgesellschaft.
- Rollos del Mar Muerto: el gran rollo de Isaías (1QIsaª) y 4Q76 (4QXIIª), citados por su lectura publicada, solo donde confirman o precisan el sentido.
- Léxicos: Strong (1890), Thayer (1889) y Brown-Driver-Briggs (1906), de dominio público.
Comentaristas citados
Juan Calvino (traducciones de la Calvin Translation Society, siglo XIX) y Albert Barnes; en algunos tratados, también Matthew Henry, J. B. Lightfoot o J. C. Ryle. Todos de dominio público (Christian Classics Ethereal Library, ccel.org). Las traducciones al castellano son de esta editorial.
Derechos
Tratado © 2026 Alejandro Sirit, Editorial Cielo Efata. Todos los derechos reservados. La Escritura no pertenece al autor; el comentario, sí.
Las conclusiones doctrinales son de Alejandro Sirit y no comprometen a los editores de los textos citados.
2 P. 3:162 Pedro 3:16 · Neh. 8:8Nehemías 8:8: Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido.
V.E.R.D.A.D. · la última letra
Tu D: decisión de la semana
Santiago compara al que oye la Palabra y no la hace con un hombre que se mira al espejo y se va. Por eso este estudio no termina cuando se ha entendido el pasaje, sino cuando hay un paso concreto que sale de este texto, compartido con alguien de confianza que pueda preguntarte por él.
Escribe en el cuaderno qué te pide Mateo 18:18–20. No un propósito general, sino lo que este texto concretamente manda.
Stg. 1:22Santiago 1:22: Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores. · Lc. 8:15Lucas 8:15
¿Qué verbo de Mateo 18:18–20 vas a obedecer, con qué acto, en qué fecha y ante qué testigo? Recorre las seis letras en RevelatiO o envíale tu D a tu testigo por WhatsApp.